“Tríptico de la Infamia” de Pablo Montoya

Tríptico de la Infamia de Pablo Montoya

Editorial: Literatura Random House

Año: 2015

Páginas: 305

Durante el conocido como Boom de la novela hispanoamericana, el premio de novela Rómulo Gallegos, otorgado por el gobierno venezolano, fue uno de los más prestigiosos galardones de la literatura hispanoamericana. Éste fue otorgado a las principales figuras del Boom, siendo los dos primeros ganadores Vargas Llosa y cinco años después,García Márquez. Con semejantes comienzos el galardón adquirió rápido prestigio llegando a ser considerado una especie de nobel latinoamericano. Con el paso del tiempo, el premio perdió fama aunque siguió premiando a novelistas de gran calidad y prestigio. Es el caso del reciente premio Cervantes Fernando del Paso con su monumental Noticias del imperio o Bolaño con Los Detectives Salvajes. El galardón cambió de periodicidad, pasando de cinco a dos años a partir de finales de los ochenta y además se abrió a autores peninsulares y por tanto dejó de ser un premio latinoamericano y pasó a ser de ámbito hispanohablante. Ésta larga introducción se debe a que la novela que hoy se reseña es la última ganadora del Rómulo Gallegos, correspondiente al año 2015.
El Tríptico de la infamia de colombiano Pablo Montoya (Barrancabermeja, 1963) es una novela histórica ambientada en el siglo S. XVI, teniendo de fondo los grandes conflictos religiosos que asolaron el continente europeo a raíz de la ruptura protestante con la iglesia de Roma. Se centra en Europa y América y tiene como protagonistas a tres artistas que reflejan su difícil época. El libro se divide en tres capítulos claramente diferenciados, correspondientes cada uno a los tres pintores. El primer capítulo se centra en América y los intentos de los hugonotes (protestantes franceses) por establecer una colonia en dicho territorio, mientras que los otros dos tienen lugar en la Europa. El segundo capítulo presta especial atención la matanza de San Bartolomé, suceso donde murieron un gran número de hugonotes y fue otro episodio más de la violencia religiosa que recorría el contiene europeo. El último capítulo hace balance de la vida de un pintor que editó diversos libros, entre otros, una versión dela Brevísima relación de la destrucción de Indias de Bartolomé de las Casas con grabados de gran calidad.
La novela es clásica en su desarrollo, destacando el uso de frases cortas, directas y claras. En cada capítulo se apuesta por un narrador distinto, omnisciente en el primero, primera persona en el segundo y una combinación de ambos en la tercera parte. El autor logra una obra acabada, consistente e interesante donde varios temas se dan cita de forma solapada, que no atropellada, como es la relectura critica de la conquista y sus consecuencias para los pueblos nativos del continente americano, las guerras de religión y su trágico balance o la vida trashumante de muchos europeos de los siglos XVI y XVII. Es precisamente este continuo viajar, una de las ideas que recorre la novela. El viaje es un elemento central como los pintores y sus obras, las cuales son profusamente descritas por el autor.
El despliegue del autor es adecuado y sin ser una obra maestra, sí que es un libro interesante, logra despertar interés y lo más importante, conecta diversos fenómenos históricos de forma natural, sin forzar nada y con una encomiable labor de documentación que se demuestra en el libro, sin agotar al lector con datos históricos. Se dan cita elementos del género ensayístico y unas gotas de autoficción, tan en boga en la novelística actual. La forma de denunciar las masacres religiosas o las masacres de la conquista de América resulta conmovedora, con algunas páginas muy logradas, sin caer en la demagogia. El tríptico, concepto que alude a la pintura, es muy bueno. Quizás cabe preguntarse si el libro da para el prestigioso Rómulo Gallegos y más, si miramos precedentes directos como la soberbia novela Blanco Nocturno de Ricardo Piglia o El país de la Canela del también colombiano William Ospina. Ambas se situarían uno (o dos) peldaños por encima de la obra de Montoya. Para concluir, señalar de nuevo que recomiendo la lectura, es una buena novela histórica, de lectura ágil e interesante telón de fondo que además permite dar a conocer a un autor con bastante obra previa pero poco conocido.

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