“Salvapantallas” de Luis Chaves

Salvapantallas de Luis ChavesEditorial: Seix Barral

Año: 2015

Páginas: 143

Con relativa frecuencia nos encontramos en las librerías con diarios, autoficciones, memorias y otros libros donde el autor se erige como protagonista. La literatura actual ha girado hasta poner al autor en el centro de la obra y desde luego la fórmula se está saldando con éxito de público y crítica, basta ver el caso del noruego Knausgård. La literatura hispanoamericana no ha escapado a esta tendencia y han aparecido bastantes obras, como es el caso de la que hoy se reseña. Salvapantallas del costarricense Luis Chaves (San José, 1969) es una novela corta, nouvelle, libro de relatos o diario, según se quiera leer. Es una obra polifónica donde se mezclan géneros hasta que resulta inclasificable, imposible de etiquetar. Ésta es desde luego la intención del autor, un sólido representante de la cada vez más pujante literatura costarricense y por extensión centroamericana.
La obra tiene un aroma de crónica vital, marcada por la nostalgia y la falta de lugar del autor, que se hace extensible a toda su generación. Es como si en este ejercicio literario fuese incapaz de mostrar más que fragmentos, sin poder armar un conjunto. El caleidoscopio como forma de narrar, el fragmento frente a la novela total. El Postboom frente al Boom. Chaves cuenta hazañas juveniles, una suerte de crónica nocturna de su juventud errática y su dudosa madurez. Salvapantallas tiene personajes emblemáticos como es el caso de El Bolsón de Higgs. Entre confesión y relato, el autor muestra una solidez narrativa encomiable, una poética propia que se nutre de un universo dubitativo que resulta fácilmente identificable para el lector. La desnudez de lo narrado es conmovedora, la sencillez con que el autor nos abre su vida desarma al lector que disfruta de una obra genuina.
Posiblemente lo que más conmueve es la falta de ambición, algo que contrasta con otros ejemplos de literaturas del yo que se muestran como un tour de force donde el autor se desnuda para el lector. Esto puede resultar atractivo pero nunca se debe de olvidar que es literatura y que por mucha verdad que el autor diga mostrar no deja de ser una ficción, donde la veracidad está sujeta a los intereses del autor para con la obra. El acierto del libro está en mostrarse ajeno a este esfuerzo, tal y como el autor confiesa al final de la obra, no son más que fragmentos, algunos ya publicados. Es la manera de presentar la obra donde se acierta de pleno, no hay más que lo mostrado. El libro es el resultado de una elección, la del autor que ha escogido unos fragmentos en vez de otros para formar el libro. Éste es el Salvapantallas que se nos presenta. Se puede entender que otros Salvapantallas fueron posibles pero que el que ha acabado resultando es el que tenemos entre manos. De nuevo la confrontación con la novela total, granítica e impermeable. Luis Chaves prefiere el fragmento, las juergas de juventud, las preguntas de su hija o los viajes a Argentina que se convierten en estancias de tres años. La vista atrás sin rencores, con nostalgia pero sin melancolía. En definitiva una muestra perfecta de cómo lo liviano no tiene por qué resultar ligero pero sobre todo, cómo a veces lo cotidiano es lo más importante, lejos de los grandes relatos.

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