“La fiesta vigilada” de Antonio José Ponte

La fiesta vigilada de Antonio José PonteEditorial: Anagrama

Año: 2007

Páginas: 239

La literatura cubana siempre ha sido rica en autores que han aportado obras al canon de la literatura hispanoamericana, libros de gran calidad que en muchos casos se alejaban de la realidad de la isla, con casos paradigmáticos como Carpentier o Lezama Lima. Sin embargo, en las últimas décadas Cuba ha generado todo un corpus de textos donde la política tiene mucho peso, siendo los casos de Cabrera Infante y Reinaldo Arenas los más conocidos. En los últimos años, la situación de la isla ha sido tema fundamental de muchos autores y autoras con resultados muy notables. Dentro de esta categoría se encontraría la novela de hoy, La fiesta vigilada de Antonio José Ponte (Matanzas, 1964) editada por la editorial Anagrama.
La obra, no es propiamente una novela, pues bascula entre el ensayo, la novela y el diario. Se divide en cuatro partes, siendo la tercera un pequeño “paréntesis” en la narración central de la obra. En ésta encontramos a un personaje claramente identificable con el autor, que nos va haciendo un acercamiento a la vuelta de la fiesta a la ciudad de La Habana. La fiesta es recuperada como fórmula de lavado de cara del régimen castrista ante la comunidad internacional y salvavidas económico tras el colapso del bloque soviético. Paralelo a esto vamos conociendo la situación de nuestro protagonista, que se encuentra en el ostracismo, un borrado institucional debido a su disidencia en la isla. La obra es fundamentalmente una crítica al régimen de la isla, a la burocracia castrista y a la degradación de Cuba. El autor hace una relectura de la novela Nuestro hombre en La Habana de Graham Greene (algo que tambien ha llevado a cabo Pedro Juan Gutiérrez en Nuestro GG en la Habana con resultados bastantes menores) para plantear su situación en la isla. Las dos partes finales son de gran fuerza, con una teoría sobre las ruinas de la capital de la isla y un texto sobre el espionaje en la RDA. Las cuatro partes no son sino diversas formas de afrontar los dos conceptos fundamentales de la narración, la incapacidad de tener un papel crítico en una sociedad totalitaria y la progresiva degradación política, económica, cultural y arquitectónica del régimen castrista. Es una obra valiente, cargada de crítica, aunque lo hace de forma pausada, tranquila, a fuego lento. El resultado final es un testimonio estremecedor e inquietante.
El estilo de la obra es contenido, más humorístico que encendido. La resistencia se hace desde el humor, con un estilo elegante y carente de florituras. El siempre referenciado estilo barroco caribeño encuentra aquí a su némesis. Ponte también confronta con Lezama Lima. Así mismo, no hay un discurso pícaro, de buscavidas, al margen del establishment como pudiéramos encontrar en Pedro Juan Gutiérrez, sino una resistencia pasiva, donde la rebeldía es intelectual, desmotando el engranaje político y los tópicos de la isla desde una postura más teórica. En la obra se dan cita una inmensa variedad de referencias y elementos desde Graham Greene al historiador Garton Ash pasando por Ry Cooder y el Buena Vista Social Club. La construcción del texto se hace a partir de elementos dispares pero siempre con el objetivo de narrar una experiencia vital compleja, marcada por la incertidumbre. Las cuatro partes no chirrían entre sino que, como ya he dicho más arriba, muestran diferentes variaciones de los mismos temas.
La ideología personal de cada uno está muy bien a la hora de votar pero a la hora de leer hay que ser más amplio de miras. La fiesta vigilada se puede considerar una novela política porque hay mucho de ésta en la obra, sin embargo, yo prefiero considerarlo una obra magnífica, donde la valentía se da la mano con la literatura para traernos uno de los grandes textos de los últimos años. Voten lo que voten, léanla. La buena literatura no entiende de ideologías.

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3 thoughts on ““La fiesta vigilada” de Antonio José Ponte

  1. Muy buena reseña. A Ponte lo aprecio y quiero muchísimo porque, además de por sus libros, claro, ha sido un gran amigo. Es uno de los escritores de más fina prosa de los últimos 20 años en el país donde nací, Cuba. Leí este libro hará ya casi una década y no lo recuerdo por tener una prosa humorística, más bien todo lo contrario. Era mi percepción de haberlo leído viviendo todavía allá dentro. Ojalá nos diera Ponte más libros como este. Saludos.

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    1. Hola Michael. En primer lugar darte las gracias por tu comentario. Coincido contigo en que Ponte es uno de los grandes escritores cubano de los últimos años y te envidio su amistad. Cuando me refiero a una prosa humorística no es tanto una cuestión de carcajadas sino de sutil ironía. Creo que la parte de la fiesta está atravesada por un humor subterráneo y feroz que, en mi opinión, es mucho más efectivo que el discurso encendido de denuncia frontal que han practicado otros autores. Desde luego yo lo veo desde una perspectiva muy distinta en España. Coincido en que obras como ésta y autores como Ponte son muy necesarios. Saludos.

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