“La pasión de Enrique Lynch” y “Necrofucker” de Richard Parra

la-pasion-de-enrique-lynch-de-richard-parraEditorial: Demipage

Año: 2014

Páginas: 163

Cuando un autor despunta con una obra, suelo sentir la necesidad de leerme todo lo que ha escrito antes. Me apasiona rastrear los precedentes y conocer la evolución de su escritura y cómo ésta ha ido modificándose progresivamente. El autor que hoy os traigo es una de las nuevas voces destacadas del panorama de las letras hispanoamericanas, el peruano Richard Parra (Lima, 1976). De este escritor ya reseñé su última novela, Los niños muertos, y me gustó tanto que decidí buscar su anterior libro para leerlo, estoy hablando de La pasión de Enrique Lynch y Necrofucker, dos novelas breves, editadas en el mismo volumen por Demipage.
La pasión de Enrique Lynch narra la vida de un empresario, hoy diríamos emprendedor, estadounidense del siglo XIX. La narración se lleva a cabo en cortos capítulos en los que diferentes narradores van contando aspectos de la vida del empresario. Lynch es un personaje contradictorio, admirado, odiado y hasta respetado. La narración no es lineal, sino que va saltando a diferentes periodos de tiempos, siendo cada capítulo una pieza del inmenso puzle que es la vida y personalidad del personaje protagonista. Hay saltos espaciales y temporales yendo la narración de la costa este de los EEUU a Chile, pasando por California y Perú. Éste último escenario es donde tiene lugar el grueso de la narración. Es un relato breve, salvaje, telúrico y duro que nos muestra un personaje contradictorio, héroe y traidor, pero siempre impune. El mismo relato muestra la imposibilidad de armar una versión coherente del personaje. Además, Lynch es un personaje contra todo y contra todos, que refleja muy bien esos personajes extremos y limítrofes que aparecieron en el continente americano en el siglo XIX y principios del XX. Me resultaba imposible no recordar al filibustero William Walker o al personaje de ¡Petróleo! de Upton Sinclair, inmortalizado en pantalla por Daniel Day Lewis de la mano de Paul Thomas Anderson.
El otro relato que completa el libro es Necrofucker, una narración radicalmente distinta a la que le precede. En ella el protagonista, Necro, nos cuenta su adolescencia como joven metalero, es decir aficionado al Heavy Metal, y la pandilla de amigos de las que se rodea. Lo que inicialmente es un relato de adolescente, trufados de drogas, discusiones, peleas con otras tribus urbanas y primeros amores, pronto se vuelve distinto. La violencia va ganando espacio en el relato y va copando las acciones de un personaje, Necro, que tiene que empezar a superar la niñez para entrar en la edad adulta. Seremos testigos de esta transición brutal, repleta de peleas y violencia verbal. El clímax final del relato será una muestra de cómo el personaje carece de cualquier tipo de reparo moral, amparado por su padre policía y una sociedad corrupta. El peaje de entrada en la edad adulta lo paga sin cargo de conciencia y como vemos al final del relato, la vida sigue sin más. La ambientación en Lima de finales de los años ochenta y principios de los noventa resulta realista e interesante. De fondo vemos a Fujimori ganar las elecciones o la captura de Abimael Guzmán, líder de Sendero Luminoso. El grupo terrorista está presente en el relato de forma directa en el pasado del padre, e indirectamente por las referencias del narrador. El relato es muy urbano y refleja el periodo donde se daba la dualidad entre el terror que se vivía en algunos territorios peruanos y la tensa calma de la capital.
Ambos relatos muestran la economía de recursos de su autor. No hay una prosa estilizada, sino una narración neutra, una mirada limpia y tranquila. Narra sin esfuerzo, con una cadencia que es capaz de trasladar la acción de la Lima de Fujimori a los Andes del siglo XIX sin resultar forzado. No hay impostura en la literatura de Parra que de forma silenciosa va dejando una profunda huella en el lector. La impunidad es un tema central en ambos relatos donde los dos personajes protagonista comenten cualquier tropelía sin consecuencias, amparados por la corrupción de su entorno. A Enrique Lynch lo vemos escaparse vivo de todas sus acciones, mientras que a Necro lo vemos disfrutar (y abusar) de la condición de hijo de un héroe de la lucha contra Sendero Luminoso. Parece que Lynch quiere señalarnos cómo aunque pasen los años, la impunidad y la corrupción siguen campando a sus anchas en Perú, como si no hubiera pasado el tiempo.
La pasión de Enrique Lynch y Necrofucker son dos relatos de gran calidad, muestran el perfecto manejo que tiene el autor de los engranajes de la narrativa y su versatilidad generando dos relatos contrapuestos pero que se revelan como las dos caras de la misma moneda. Richard Parra me deslumbró con Los niños muertos y con estos relatos no ha sido menos la impresión. No hay más Parra de momento, así que deléitense con sus dos libros hasta la fecha, ya que merecen la lectura atenta y sosegada de las grandes obras.

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