“Los impecables” de Tatiana Goransky

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Editorial: Comba

Año: 2016

Páginas: 173

Por primera vez desde que tengo el blog, una editorial, por intermediación del autor, me ha enviado el libro para su reseña. Es cierto que otra casa editorial me había enviado un libro pero eso fue cosa de los editores. En este caso fue la propia autora. Aunque me entusiasmó y halagó también puso en duda mi capacidad para ser justo en la reseña. Tras una primera lectura y una segunda (re)lectura, puedo afirmar que el libro me ha gustado. Se trata de Los impecables de la escritora, y cantante de Jazz, argentina Tatiana Goransky (Buenos Aires, 1977) editada por el pequeño (gran, por su calidad) sello Comba. Es un volumen compuesto de dos novelas breves con historias muy distintas entre sí. El rasgo común que comparten es el perfeccionismo obsesivo de sus protagonistas.

Los impecables comienzan por una primera historia, Ball Boy, que nos relata la rutina diaria de Manuel, un joven que aspira a ser el mejor recogepelotas (o ball boy) del tenis. Manuel es un personaje obsesivo hasta la extenuación que vive por y para convertirse en el recogepelotas perfecto. Su vida gira en torno a esto, siendo su único objetivo lograr ser recogepelotas en la final del torneo Roland Garros. Para conseguirlo, tendrá que superar a sus compañeros de club en una serie de pruebas eliminatorias. Pronto sabremos que la pasión de Manuel por ser ball boy es extrema, llegando a abandonar su prometedora carrera como jugador de tenis.  Frente al lucimiento del tenista profesional, el protagonista escoge la oscuridad desenfocada del recogepelotas. Sin embargo, sus esfuerzos se vendrán abajo con la irrupción de la celebérrima Gripe A. La llegada del virus dará al traste con la competición por el puesto en el torneo parisino. Manuel entrará en un trágico delirio final fruto de la fiebre, producida por el virus, y la pérdida del premio que tanto ansiaba. Ball Boy es un relato realista, de prosa seca y directa que narra con precisión quirúrgica la bajada a los infiernos del protagonista. Aunque el ambiente enrarecido anticipa algo, la narración no se altera lo más mínimo. La historia avanza inexorable hacia la tragedia con un paso tranquilo y pausado que estremece al lector.

El segundo relato, Don del agua, nos cuenta la trágica historia de una familia marcada por un vínculo sobrenatural con el líquido elemento. Desde el padre de familia, un zahorí capaz de encontrar aguas subterráneas en cualquier lugar, hasta los hijos con unas capacidades sobrehumanas para el buceo, todos tienen una relación perturbadora con el agua. La historia está narrada desde múltiples ángulos. Un diario de a bordo, una narración familiar, apuntes de la investigación de una periodista o un manual del zahorí, son algunos de los materiales desde donde parte la narración. Esta se bifurca continuamente para reencontrarse más adelante, confluyendo en un final marcado por la tragedia. Una “maldición” del padre, que conocemos al comienzo de la obra, marcará a los hijos como un pecado original que no puede lavar. Este relato me ha gustado más que el otro, me parece más completo y su estructura polifónica me ha atraído más. Señalar que la autora acertó plenamente con el título del mismo, ya que esconde una perversa ironía que conocemos al leerlo.

Los relatos que el volumen recoge son de dos épocas distintos, entre ellos hay unos tres años, y si bien comparten rasgos comunes, hay varios elementos diferenciadores. Frente el realismo total del primer relato, en el segundo nos topamos con una atmosfera alterada donde las costuras de la realidad van saltando por pequeños detalles. Es curioso, porque cuando leía el segundo relato no paraba de acordarme de Aira. Creo que es una influencia fuerte, en la mezcla de géneros y especialmente en los giros y cambios de la historia. En los relatos de Aira abrir una puerta puede alterar todo lo leído previamente, en el de Goransky pequeños detalles nos muestran las fallas de la realidad que alteran nuestra percepción de lo que estamos leyendo. Además, frente a la monolítica narración del primer relato, en el segundo priman la multiplicidad de voces y los materiales de diverso origen. En Ball Boy tenemos certezas, el tesón del incansable Manuel, frente a las dudas que envuelven la narración de Don del agua, cuyos personajes tienen más sombras que luces. El destino trágico une ambos relatos ya que Goransky no salva a nadie. No quiero acabar sin señalar que los dos relatos tiene en común el estilo, en ambos casos preciso y directo. Quizás se echa en falta algo de mayor extensión en los relatos, se queda uno con ganas de más. Parece que la concisión del estilo condiciona de alguna manera duración de los mismos.

Los impecables me ha parecido una buena muestra de lo que una autora como Tatiana Goransky puede ofrecer al lector. Prácticamente desconocida para el público español, Goransky tiene aptitudes para destacar en el panorama literario. Intuyo que es una perfeccionista como sus personajes, así que se puede decir que como estos tiene un don, el de la escritura.

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