“El espectáculo del tiempo” de Juan José Becerra

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Editorial: Candaya

Año: 2016

Páginas 525

Hace un par de meses tuvo lugar en Sevilla Bookstock, una feria de editoriales independientes. Fui con intención de ver qué se hacía allí y de paso conocer a los responsables de una editorial con la que había cruzado correos y me habían enviado una obra cuando prácticamente el blog acababa de empezar. La editorial en cuestión era Candaya y en Bookstock tuve oportunidad de conocer a Olga, una de sus responsables. Yo quería conocer el proyecto de cerca ya que tenía varias obras de ellos. Al margen de la calidad humana de la editora, que ya he comentado en redes sociales, quedé fascinado por lo que allí me contaron. Además quería comprar un libro, Tambor de Arranque de Francisco Bitar, del que había leído muy buenas cosas. Al final, auspiciado por las recomendaciones de Olga me compré otro, el de Bitar me lo regaló, que es el que hoy reseño. Se trata de El espectáculo del tiempo del argentino Juan José Becerra (Junín, 1965). No hay agradecimiento suficiente para pagar la recomendación porque el libro me ha parecido una obra maestra. Un libro largo, excesivo, genial y único que desde luego, más temprano que tarde,  pasará a formar parte del canon.

El espectáculo del tiempo tiene dos protagonistas, Juan Guerra, un trasunto del escritor, y el propio tiempo que es el que marca el ritmo de la obra. Aparentemente centrada en contar la vida de Juan Guerra, la obra rápidamente se derrama hacia múltiples caminos dando como resultado un libro poliédrico y coral donde la única ley es la que impone el paso del tiempo. Cada capítulo viene encabezado por el año en que transcurren los hechos narrados.  El lector asiste a un viaje continuo por diversas fechas y lugares donde lo que importa es lo que se narra, con personajes que aparecen y desaparecen mostrándole al lector que lo único que permanece inamovible es el inexorable tic tac del reloj. Esto se nota especialmente en el epílogo futurista que el autor regala para deleite del lector. La obra consta de múltiples hilos narrativos, siendo los más importantes aquellos que se refieren a la relación de Juan Guerra y su padre. El padre es un genuino provocador, que vive contra todo y contra todos siendo un personaje interesantísimo, fascinante y repulsivo a partes iguales. Otro de los arcos narrativos de peso en la obra es el cine que monta Guerra y en el que por supuesto también entrará en conflicto con su padre y su particular manera de ver el mundo. La obra está llena de fragmentos aparentemente inconexos, historias que se salen de la trama principal como muñecas rusas.  La novela se antoja un gran trampantojo donde el autor interviene ocasionalmente para apuntar algo referido a la relectura que hace de lo escrito con anterioridad. El texto no parece acabar nunca porque el autor no para de releerlo y ajustarlo.

Juan José Becerra escribe una obra monumental, marcada por la grandilocuencia y el exceso de unos personajes inolvidables. Historias cotidianas se dan la mano con grandes relatos en una narración que atrapa desde el comienzo. No hay momento en que la historia decaiga ya que la prosa de Becerra es ágil y clara. El edificio narrativo está tan bien construido, las historias se entremezclan en un aparente sin sentido que puede cobrar sentido unas páginas más adelante o no volver a ser mencionadas. Becerra se divierte igual dibujando a los personajes, narrando lúbricas escapadas amorosas o mostrando la sinrazón del personaje protagonista o de su padre. Hay momentos de carcajadas absolutas, de amor, de ternura y de camaradería. El autor hace una relectura de la institución familiar, asistimos a los cortejos y declives amorosos de Juan Guerra. Es divertido, excesivo y único, como su progenitor. Hay un capitulo en que padre e hijo ven un partido de futbol de Boca Juniors que es maravilloso, un perfecto resumen de la relación de ambos y del propio libro. Becerra teoriza y se muestra frívolo a partes iguales siendo un texto riquísimo. No quiero olvidar la vertiente bizarra de la obra, con mención especial para la película del burro o todo lo relacionado con las cenizas de Laura Vázquez. Hay personajes que ellos solos ya tendrían una novela: Lorenzo, la madre de Juan o la inolvidable Bárbara. El autor experimenta con las formas narrativas, hay diario, narración periodística, cartas y hasta una parodia del Martin Fierro. Busca abarcarlo todo tanto en ámbito formal como en lo temático. Para terminar, señalar que en ese recuento de años que lleva el protagonista, nos encontramos que un capitulo viene encabezado por cuatro fechas distintas. El texto que lo acompaña dice “No sé que hice”. Maravilloso.

Queda poco que añadir a lo que ya he dicho de El espectáculo del tiempo. Es una novela total que se antoja imprescindible, cuya lectura resulta atractiva sin importar la desmesura de su planteamiento narrativo pues en definitiva narra el paso del tiempo. El autor hace suficiente esfuerzo por crear una obra original, divertida, grandilocuente y genial.  Me descubro ante Juan José Becerra y su libro. Una obra magistral para leer y releer.

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