“Fábula asiática” de Rodrigo Rey Rosa

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Editorial: Alfaguara

Año: 2016

Páginas: 205

Reencontrarse con un libro de un autor que se admira es una sensación hermosa pero también algo inquietante. La nueva obra puede no estar a la altura de las expectativas que tengamos sobre dicho autor y lo más importante, es saber si uno sigue siendo el mismo lector que cuando lo leyó por última vez. Estos fueron algunos de los pensamientos que tuve cuando supe que Rodrigo Rey Rosa (Ciudad de Guatemala, 1958) volvía a la mesa de novedades con una nueva obra. En los últimos años Alfaguara, su actual editorial, había ido recuperando sus anteriores libros agrupados en distintos volúmenes en los que se incluían escasas novedades. Admito que tenía una creciente ansiedad por saber qué tramaba el guatemalteco. La obra con la que ha vuelto, Fábula asiática, es la que hoy reseñamos. Ha pasado tiempo desde su anterior novela, Los sordos, que me pareció algo floja. En esta ocasión, la obra ha colmado todas mis expectativas.  El libro es una intriga que atrapa al lector desde la primera página.

Fabula asiática tiene como protagonista a un escritor mexicano que vuelve a Tánger, en la que vivió muchos años atrás. Allí tiene noticia de que Abdelkrim, el hijo de un amigo, está en problemas en los EEUU. A partir de este prometedor inicio, el autor despista y confunde al lector, algo que se le da muy bien. El padre de Abdelkrim hará entrega al escritor de unas cintas de casete y una memoria USB donde narra la vida del joven antes de sus problemas con las autoridades. El joven marroquí se resulta ser un genio que llama la atención de las universidades estadounidenses, más exactamente el célebre MIT, y será becado para estudiar allí. En ese contexto será donde trabe amistad con el griego Xeno y el guatemalteco Pacal. Entre los tres urdirán una conspiración para hacer caer las redes de comunicaciones y satelitales que hay en la Tierra. Sin embargo, todo esto no lo sabemos de forma directa sino que Rey Rosa va dejando diversas pistas en una narración que se fragmenta para explicar distintos aspectos de la trama. Gran parte de la obra se sitúa en Tánger, donde Rey Rosa vivió bastantes años, aunque la acción salta a distintos espacios geográficos. La parte final del libro sigue la mejor tradición de obras previas del guatemalteco, siendo ambigua, elusiva y ambivalente.

Rey Rosa narra toda la obra con su característico estilo parco y lacónico, donde escasean las descripciones sobrecargadas de adjetivos y en el que el diálogo ayuda a seguir la narración. Sin embargo, esto no significará que no haya cierto lirismo en la obra, ya que el guatemalteco construye su poética a partir de la economía del lenguaje. Estamos ante una prosa sensual y sugerente que atrae fuertemente al lector. No le hacen falta largos párrafos, con unas pocas frases consigue atrapar, siendo un maestro del thriller, género donde se situaría Fabula asiática. Además, el libro se formula como una interpretación de la sociedad de nuestros días. Hay en el autor una voluntad por introducir elementos dispares como la crisis de los refugiados en Grecia, la guerra de Siria y el DAESH, el control de las comunicaciones privadas o los excesos de la globalización. El autor mezcla temas para plantear una visión parcial de mundo actual que en su vertiginoso avance hacia delante se ha deshumanizado por completo. Los personajes creen realmente que la única manera de parar esta deriva es crear un punto cero, donde las comunicaciones y relaciones humanas sean distintas. La única redención posible es comenzar de nuevo, aunque para ello haya que llevar a cabo acciones moralmente execrables. La capacidad de Rey Rosa de dar forma a estas reflexiones desde puntos de vista tan dispares y espacios tan distintos son testimonio de la fuerte impronta de la globalización en la obra y el propio autor. No existen problemas locales, sino que todos están relacionados entre sí, de ahí los distintos orígenes de los conspiradores.

Fábula asiática es una magnífica obra sobre los convulsos tiempos que vivimos. Rey Rosa no ha perdido su capacidad de asombrar al lector con una prosa sobria y muy pocos recursos. Alejado de escenarios más locales, como su Guatemala natal, y con discurso más ambicioso y universalista, el autor logra hacer reflexionar al lector sobre las tragedias que asolan nuestra sociedad. Estamos ante una obra de madurez, de un escritor que se sabe en pleno dominio de unas dotes narrativas superlativas. No tengo dudas, el mejor Rodrigo Rey Rosa ha vuelto.

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