¡Que viva la música! de Andrés Caicedo

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Editorial: Alfaguara

Año: 2015

Páginas: 192+41

Llevaba un rato pensando cómo iba a comenzar esta reseña cuando se ha ido el pensamiento para los ineludibles compromisos que acarrean las fiestas navideñas. Cenas, almuerzos y otros eventos pueblan la agenda durante estas semanas.  Ante ese panorama, intentaba adivinar qué pensaría Mari Carmen Huerta, también conocida como La Mona, protagonista absoluta de la novela que hoy reseño. La obra es ¡Que viva la música! del colombiano Andrés Caicedo (Cali, 1951-1977) recuperada por Alfaguara para el Mapa de las Lenguas. Se trata de una obra clásica de la literatura colombiana que por fin ha sido recuperada para España. Señalar que su autor no pudo conocer el éxito de su obra ya que se suicidó a los 25 años, el mismo día que recibió el primer ejemplar del libro.

¡Que viva la música! es el monólogo acelerado de La Mona, en el que nos cuenta sus aventuras en la noche de Cali yendo de fiesta en fiesta como si no hubiera un mañana en un periplo interminable. Para ello bebe, se droga y conoce a diversos hombres a los que va abandonando según le place. Porque a la Mona solo le importa una cosa, rumbear. Guapa y altiva, la protagonista rompe con su pasado de joven universitaria de la alta sociedad para entregarse a una orgía de desenfreno donde se iniciará en las drogas y el alcohol, conociendo los bajos fondos de su ciudad. No descansa sino que encadena una fiesta detrás de otra, un carpe diem de parranda. Sin embargo, conforme avance la obra el tono festivo del inicio va dejando paso a un final más oscuro donde vamos vislumbrando las consecuencias en la protagonista de la rumba desenfrenada. Hay en las últimas páginas, un tono sombrío, y algo violento, que parece advertir al lector sobre el final. A La Mona se le escapa la juventud de fiesta, en su ansia de vivir, arrasa con todo y con todos. Hasta consigo misma.

Andrés Caicedo plantea la obra como un monólogo donde prima el ritmo. La protagonista va narrando sus aventuras con gran soltura, estirando la lengua, utilizando jerga propia de Cali en un ejercicio de inmersión lingüística que sitúa al lector en dos papeles posibles. O bien se entiende la totalidad de la jerga y se siente identificado, o bien desconoce parcialmente algunas palabras. Éste era mi segundo caso, pero no sentí extrañeza alguna, sino que estaba absolutamente fascinado por los giros y expresiones del autor colombiano. La plasticidad de la prosa es total. El lenguaje se va de fiesta, como la protagonista, y se desparrama por todo el texto. No es que lo narrado sea fascinante sino que también lo es la forma de contarlo. Tiene una oralidad muy conseguida que unido a la presencia de la música, hacen que la lectura resulte muy ágil. La música, especialmente el rock y la salsa, tiene gran importancia pues se trata de la más fiel compañera de parranda de La Mona. Mención especial para la protagonista que se erige como un personaje carismático, lleno de matices y recovecos marcado por el exceso y por las ganas de vivir. Un personaje femenino, fuerte e inolvidable y que a nada teme. No parece haber límite para ella. Cada pista de baile, cada disco, cada droga, cada trago, son para ella. Vive sin normas, su único credo es rumbear hasta caer para volverse a levantar y seguir bailando, tomando, bebiendo.

¡Que viva la música! es una obra muy recomendable. Un festival para el lector que quedará fascinado por la historia de la Mona. Se merece  ser considerada una obra mítica y emblemática. El autor dibuja una época de forma maravillosa pero sobretodo es capaz de reflejar algo tan etéreo como la juventud. El legado de Caicedo está bien claro y no puede ser mejor. Baila hasta caer, lee hasta el amanecer ¡Qué viva la música! ¡Qué viva la literatura!

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2 thoughts on “¡Que viva la música! de Andrés Caicedo

  1. ¡Hola!! recién acabo de terminar este libro y me pareció muy confuso, creo que no entendí la mitad. Los monólogos de la protagonista carecen, la mayor parte del tiempo, de sentido; es difícil seguir la pista. Hice una pequeña reseña hoy y llegué a comparar el arte de Caicedo con el de Syd Barret: una obra que a veces para entenderla hay que estar volado, jajaja.

    Muy bueno tu comentario, gracias.

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    1. Muchas gracias por tus amables palabras. La carencia de sentido de los monologos es una parte fundamental del relato. Caicedo busca mostrar justamente la desconexión progresiva de la realidad que va teniendo la protagonista. Cada paso que da es hacia abajo, es una espiral descendente sin retorno. No hay vuelta atrás. Es interesante esa analogía con Barret, nunca se me habría ocurrido. Creo sinceramente que este es un libro mayor de la literatura en español del siglo XX, una obra compleja pero muy disfrutable. Hasta la próxima. Saludos.

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