“Destinos errantes” de Andrea Jeftanovic

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Editorial: Comba

Año: 2016

Páginas: 237

Me ocurre con frecuencia que cuando un autor o autora que me gusta cambia de género literario no me acaba de convencer. Es cierto que existen destacadas excepciones como es el caso de Patricio Pron, cuya escritura me gusta siempre. Sin embargo, a otros como Juan Villoro siento que solo lo reconozco en un género en particular, en su caso la crónica periodística, y en los demás no acaba de cuajar. De estas experiencias surge cierto temor a cuando un escritor que me gusta publica nuevo libro en el que cambia de género. Y fue justamente eso lo que me hizo esperar un poco a la hora de decidirme a comprar Destinos errantes la última obra de la chilena Andrea Jeftanovic (Santiago de Chile, 1970), editada por Comba. Se trata de una recopilación de crónicas periodísticas que la escritora ha ido publicando en distintos medios en estos últimos años. Hay de todo en textos que en general brillan por su calidad.

Destinos errantes es una recopilación de textos periodísticos de distinto origen y temáticas pero que tienen una serie de rasgos comunes. El principal rasgo para mí es que se impone la visión personal de la autora. Algo que parece evidente y lógico ha dejado de serlo, especialmente en la crónica donde cada vez más se han ido imponiendo tonos y formas que en muchos casos no funcionan. Lo que aquí tenemos es la versión de Jeftanovic. La chilena deja que su prosa sugerente y elegante nos guie por los distintos escenarios de las crónicas, en un acertado despliegue de misterio, reflexión y gotas de humor. Sabía de la capacidad de la autora para narrar desde el desapego, sin embargo, desconocía su talento para hacer vibrar al lector. Como muestra basta leer la primera crónica, “Sarajevo Underground”. Es un comienzo de obra magistral, una crónica que deja al lector sin habla. En esos “círculos” se topa el lector con algunas de las páginas más interesantes de un libro al que no le sobra nada.  A partir de ahí vamos encontrando diversos textos que pueden gustar en mayor o menor medida pero que cuentan con el rasgo común de estar bien acabados y ser sólidos. No hay protagonismos innecesarios ni clichés, sino una visión íntima de las experiencias vitales de la autora. La presencia de la literatura es muy fuerte, algo lógico pero no se tiene la sensación de que sea forzada. No es una casilla más que completar sino que cumple una función ya que el rol de Jeftanovic como escritora sirve para posicionarse y situarse ante las personas y los escenarios. Es cierto que en el apartado literario brilla la crónica en que describe el Rio de Janeiro de Clarice Lispector. Es una invitación a la lectura, no desde el academismo, sino desde la pasión, rastreando las huellas de una autora que merece reivindicación. Otro rasgo clave de estos textos es la identidad. La singular mezcla que en sí misma es la propia Jeftanovic,  sirve para interrogar sobre nuestro papel como individuos en la sociedad. La autora duda, se busca a si misma o se identifica con según qué elementos. La poliédrica identidad de la chilena y su forma de comprender e interrogarse es una magnifica respuesta a la sinrazón que promueve el odio por raza, religión, origen o fronteras. Está la mujer, la madre, la académica, la hija de inmigrantes, la escritora, la esposa, la lectora y así hasta completarla. No hay fragilidad en su discurso, sino lógica duda ante el papel que se desempeña. Por último, señalar que hay también cierto interés en narrar a la otra parte, es decir, hay una deliberada intención por dar voz a los márgenes. Se puede observar claramente en las dos crónicas sobre el conflicto palestino-israelí, pero siendo éste un tema más trillado, prefiero detenerme en la crónica sobre California. Este texto contiene sus experiencias en el campus y su contra parte, en un reverso que actuaría como una divertida relectura de la novela de campus. En esa misma línea de contar la “espalda” de los hechos se podría situar su crónica en España o la del barco con el poeta peruano José Watanabe.

Destinos errantes es una buena colección de crónicas. Un conjunto de textos interesantes y ricos en detalles que sirven para conocer otra faceta de una de las narradoras más talentosas en habla hispana. Ahora solo falta que el público se acerque a descubrir a la gran Andrea Jeftanovic, una voz injustamente desconocida en España.

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