“Racimo” de Diego Zúñiga

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Editorial: Literatura Random House

Año: 2015

Páginas: 242

Hace unos días estuve leyendo un informe sobre los problemas de violencia urbana, creo que era en la flamante edición en español de The New York Times, que asolan Latinoamérica. Se daban diversos motivos para explicar que gran parte de las cincuenta ciudades más violentas del mundo estén en el continente americano y fundamentalmente entre los países hispanohablantes. Se hablaba de la falta de oportunidades de los más desfavorecidos, de la corrupción o de la impunidad que rodea a muchos crímenes. Cuanto más avanzaba en la lectura del informe, más me recordaba a la relectura que estaba haciendo en ese momento. Se trataba de Racimo del jovencísimo chileno Diego Zúñiga (Iquique, 1987), editado por Literatura Random House. Una obra que se inspira en unos sucesos reales para construir un inquietante retrato de la sociedad chilena.

Racimo nos cuenta la investigación llevada a cabo por Torres Leiva, un fotógrafo, de las desapariciones que estaban teniendo lugar en el norte Chile. Estas desapariciones están basadas en un caso real que tuvo lugar a finales de los años noventa en Alto Hospicio, ciudad vecina de Iquique, de donde es oriundo el autor. La novela comienza con el protagonista acudiendo a fotografiar una virgen que llora. Ya en el comienzo, el lector va a ser consciente de que Zúñiga narra con un estilo muy parco, áspero y desnudo como el desierto que rodea a los personajes. A partir del viaje y de la repentina aparición de una niña desaparecida, Ximena, el fotógrafo tendrá noticia de los sucesos. En este momento, el lector comenzará a indagar en el tema de la mano del protagonista, pero no será una investigación convencional. En su dubitativa búsqueda, Torres Leiva se ayudará de su compañero García y de la policía Ana, con la que iniciará una relación sentimental. Al igual que la investigación, estos lazos afectivos se irán degradando conforme avanza la historia. Torres Leiva avanza, retrocede, duda y mientras tanto va sucediendo la vida. Tiene problemas en el trabajo, un romance con una mujer, la apatía con la que gestiona su día a día o la falta de interés en que se sepa la verdad de las desapariciones son algunas de las cosas que van ocurriendo a lo largo de la obra. Ésta es una de las claves de la obra, la impunidad y desidia de las autoridades cuyos esfuerzos por encontrar al criminal han sido prácticamente nulos.

Zúñiga mezcla diversos elementos tantos del policial clásico, por ejemplo la crítica social, como del neopolicial, el fotógrafo metido a investigador, a la par que se atraviesa otros géneros. Hay una determinación por evitar que este relato sea una historia convencional de género negro. El lector va a ciegas de la mano de un fotógrafo cuyas instantáneas no parecen iluminar, no hay rastro de luz al final del camino. El retrato que Diego Zúñiga hace es el de una sociedad egoísta y clasista que parece incapaz de movilizarse por el dolor ajeno, especialmente si es de los más pobres. Los personajes van desapareciendo, la niebla lo va cubriendo todo y el final refleja una realidad desoladora. No parece haber responsables de la desidia, de la misma forma que Torres Leiva parece incapaz de mantener a flote los lazos afectivos con las personajes que le rodean. Asistimos a la lenta caída del protagonista a la par que somos testigos privilegiados del penetrante  retrato que el autor dibuja. En ello no hay grandilocuencia, sino un discurso de derrota que se contrapone con el discurso oficial del Chile post dictadura. Familias desestructuradas, jóvenes desatendidos, padres y madres trabajando de sol a sol, hijos olvidados, parejas rotas y autoridades incompetentes son algunos elementos que conforman el panorama que el autor nos dibuja. Es todo un puñetazo al triunfalismo del Chile de los años noventa. Alejado de Santiago, desde la periferia geográfica, el joven autor chileno se erige con un contra discurso mucho más duro y real.

Racimo es una obra que deja un regusto amargo. Sin necesidad de alzar la voz, el insultantemente joven (solo un año mayor que el que aquí escribe), Diego Zúñiga construye con una prosa precisa, un relato que incide en las fallas estructurales de un sistema social injusto. No hay truculentas escenas ni  abnegados héroes, la realidad siempre es más sórdida y cotidiana.

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