“Titanes del coco” de Fabián Casas

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Editorial: Literatura Random House

Año: 2016

Páginas: 193

No recuerdo el camino que me llevó hace unos años a leer un libro titulado Los Lemmings y otros, editado por Alpha Decay, un joven sello sobre el que tengo sentimientos encontrados (pero esa es otra historia), y escrito por Fabián Casas (Boedo, 1965), un poeta argentino que conocía de oídas. Las expectativas no eran precisamente altas y postergué la lectura. Cuando lo leí me quedé totalmente alucinado. Sí,  esa es la palabra, no estoy bajo los efectos del fin de año. Me encantó. Era un librito corto que me divirtió y emocionó. Gocé con su lectura y desde luego lo recomendé a todo el que pude. Desde esa obra, los lectores de Casas hemos tenido que esperar diez años a que el argentino volviera a publicar ficción. Se trata de Titanes del coco y la ha publicado Literatura Random House. Por mi parte, puedo afirmar que la espera ha merecido la pena.

Titanes del Coco es una novela compuesta por una serie de relatos encadenados en cuyo centro está el joven periodista Andrés Stella. Gran parte de los relatos cuentan la vida de este periodista y sus primeros pasos en un periódico. Los relatos van narrando distintas andanzas de Stella, así como de sus compañeros de trabajo. Además, conoceremos a Blanca Luz, su novia, y su iniciación de la mano ésta en el triping, que no es sino escalar por los tejados de las viviendas. El relato se mueve en el tiempo, narrándose los hechos sin aparente orden cronológico. El lector asiste a una sucesión de historias donde se cuenta la vida y milagros de los peculiares compañeros de trabajo de Stella o la investigación que éste lleva a cabo sobre Galarraga, un oscuro personaje de una institución escolar. Los relatos se superponen, narran hechos conocidos de forma secundaria en otros relatos previos o se desvían para contar sucesos sin aparente conexión. Casas va armando el libro de forma que al final de la lectura, el lector tiene la sensación de haber leído una maravillosa historia, la de Andrés Stella, repleta de tramas secundarias donde la vida se detiene, donde cada detalle cobra importancia y cuyo valor se antoja imprescindible para entender la historia central.

El autor se recrea mostrando la atmosfera y ambiente del periódico, los personajes que por la redacción pasan y la particular idiosincrasia de la prensa antes de los tiempos actuales. Divertido, irónico y mordaz, el lector lo pasa bien con una galería de personajes que no solo no resultan grotescos sino que se les coge cariño. Casas no necesita apenas páginas para construir los relatos que son breves, directos con una prosa rápida y magnética. Lo pensé varias veces mientras leía el libro, la escritura de Casas es atractiva y enigmática.  Gracias a ella, el lector no para de leer, fundamentalmente porque tiene una gran capacidad para crear relatos a partir de anécdotas y detalles. No hay información de más, pues cada hecho puede resultar clave en una narración que deja con ganas de más. El lector quiere conocer más y mejor a los personajes, quiere saber más de Stella y de un futuro que conocemos por la obra pero al que no sabemos como llega. Tras muchas páginas de fiestas, asados, cigarros y whiskys al cierre, el lector se queda huérfano al acabar la obra. Al escritor argentino lo define su apuesta decidida por el realismo. Es una narrativa que se apega a los objetos y las personas, que se puede tocar, aunque todo ello está marcado por el sello del autor cuyo universo narrativo resulta muy creíble, de ahí que el realismo sea la única opción desde la que plantear sus ficciones. Por último, no quiero olvidarme del escenario principal de la obra, que no es otro sino el barrio porteño de Boedo. Todo en el libro pasa por Boedo, de hecho Casas tiene un “Universo Boedo” por el que transitan sus personajes. Resulta muy divertido y entrañable ese apego al barrio.

Titanes del Coco es un festín para los lectores. La escritura de Casas tiene personalidad, resulta divertida, mordaz y emotiva. Los libros se pueden leer por muchas razones y motivos. Para mí, uno de los más importantes es porque disfruto haciéndolo. Con Fabián Casas se disfruta mucho, lástima que se prodigue tan poco en la ficción.

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