“El año del verano que nunca llegó” de William Ospina

Editorial: Literatura Random House

Año: 2015

Páginas: 295

No me cabe duda de que el autor que hoy reseñamos es una de las voces más importantes de la literatura colombiana y por extensión de la literatura en español escrita en el continente americano. William Ospina (Padua (Tolima), 1954) no es solo unos de los grandes narradores de la actualidad sino que además es un destacado ensayista y un notable poeta. La consecución del Premio Rómulo Gallegos por la novela El País de la Canela sirvió para que muchos lectores conocieran a este autor. Una vez concluida su magistral trilogía sobre la conquista, ha dado un giro en sus intereses, tal y como demuestra la obra de hoy. El año del verano que nunca llegó, editada por Literatura Random House, es una magistral novela que rastrea los orígenes del romanticismo a la par que plantea otros interrogantes sobre nuestro tiempo y los ilustres personajes que lo alumbraron.

El año del verano que nunca llegó  intenta narrar el encuentro en Ginebra en junio de 1816 de los escritores Lord Byron, Mary Wollstonecraft, el marido de esta Percy B. Shelley y John William Polidori. Este encuentro tuvo lugar en una mansión, la villa Diodati, a orillas del lago Lemán en Suiza. Digo que Ospina intenta narrar porque la obra no es propiamente una novela sino que es un híbrido entre un ensayo, una novela histórica y un diario de la propia obra, usando el procedimiento de la novela en marcha. De esta mezcla surge como trama principal el crucial encuentro en el que estas grandes mentes se darán cita y de la que surgirán algunos de los elementos icónicos de la historia y cultura del siglo XIX. Byron que es el epítome del héroe romántico, Shelley como autentico representante de la sensibilidad literaria de la época, Wollstonecraft alumbrando a su Frankenstein a la orilla del lago y Polidori dibujando los contornos de su criatura literaria, El Vampiro.  Como se puede ver, el interés por novelar el encuentro es comprensible y la obsesión que atormentará a Ospina se sitúa dentro de la lógica. Sin embargo, el autor decide no narrar lo que sucedió, sino que cuenta al lector lo que pasó antes, durante y después de tan crucial cita. Sus personajes son seguidos más allá de la apacible Ginebra y acompañaremos al escritor en su exhaustivo rastreo tras las huellas de los autores románticos. De fondo, un año como 1816 donde un desastre natural, la erupción del Tambora en Indonesia, sumió al mundo en la oscuridad por los materiales lanzados a la atmosfera.

Ospina se recrea en esta obra, donde desde una perspectiva personal cuenta todo el andamiaje de la búsqueda y documentación del encuentro y juega a la autoficción al incluirse como personaje de la historia. La clave no está solo en el encuentro sino en el periplo de Ospina, los avatares y las sospechosas casualidades que envuelven la escritura del libro. El narrador cofunde y juega con el lector de una forma muy inteligente. La tensión narrativa no se sustenta en narrar los hechos históricos, que son más o menos conocidos, sino en todo lo que envuelve la concepción de un libro y la obsesión con un tema. El autor colombiano maneja muy bien los tiempos narrativos. Su peculiar estilo poético y sugerente hace que el lector acabe enganchado a un texto donde se plantean interrogantes de forma constante. Múltiples escenarios, una enciclopédica erudición y  unos personajes protagonistas y secundarios muy atractivos son algunas de las claves de un texto muy logrado. Si la “casualidad” de una erupción volcánica fue el origen de un movimiento cultural fundamental para Occidente, ese mismo azar ayudará o perjudicará, según el momento, a un protagonista que acaba atrapado en su búsqueda. Ospina abruma con su documentación, disfruta (y hace disfrutar) en el texto y combinando elementos para crear un libro que si bien no es perfecto, sí que es sugerente como pocos.

El año del verano que nunca llegó es una obra que me ha fascinado. El autor tiene una capacidad para narrar a la altura de muy pocos. De igual forma que me atrapó con la historia del bravo Pedro de Ursua por tierras de la Nueva Granada,  ha logrado conmoverme en su indagación sobre los orígenes del Romanticismo. Shelley, ByronWollstonecraft y Polidori tienen un digno sucesor en la figura del colombiano William Ospina.

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