“Metales rojos” de Rodrigo Díaz Cortez

Editorial: Comba

Año: 2017

Páginas: 150

Hace unos años, no recuerdo si fue por un periódico o porque alguien me lo contó, tuve conocimiento de un autor hispanoamericano (en ese momento no sabía que era chileno) que había utilizado el dinero de un premio literario para pagar una licencia de taxi, alternando este oficio con el de escritor. La verdad me pareció una historia pintoresca y que posiblemente no fuera cierta, o que estuviera edulcorada. Tiempo después me recomendaron a un autor chileno llamado Rodrigo Díaz Cortez (Santiago de Chile, 1977) que había ganado un certamen de novela de la Universidad de Murcia. Nunca pude conseguir la obra galardonada pero gracias a los editores de Comba he podido leer al chileno en su último libro de relatos, Metales rojos. Por la solapa del libro, me enteré que se trataba del taxista escritor. Comba continua su incasable tarea de dar voz a aquellos autores y autoras que injustamente están situados en los márgenes del panorama literario.

Metales rojos es un libro de relatos desiguales donde destacan los ambientes malsanos y personajes perturbados que viven al límite. Son cuentos duros, donde no hay final feliz y en los que una visión realista se impone de forma desoladora. Hay una querencia por un realismo sucio, tanto a nivel estilístico como temático. El autor es parco en palabras y usa el adjetivo con cuidado. Las narraciones avanzan rápidas con la desesperanza como común denominador. Sin duda, hay una visión pesimista que contribuye a envolver a cada personaje en un halo de derrota. Encontramos a Celina y Estela, dos jóvenes que son maltratadas y utilizadas de forma vil, y en «Noelia y el loco del violonchelo» presenciamos los altibajos de un amor loco y desmedido. En este, como en otros relatos, el autor parece indicarnos que los locos no son siempre aquellos que señalamos como tales. Las personas normales también son capaces de tener el comportamiento más abyecto, tal y como comprobamos en los cuentos «Señor Simulos» y «Cara de pendejo». Hay algunos atisbos de esperanza en relatos como «Insecto metálico» o cierto humor en el «Concurso» pero la tónica general es hacia lo oscuro. Basta con pensar en «Metales rojos» doloroso relato que cierra la obra.

Rodrigo Díaz Cortez utiliza una prosa limpia, me atrevería a decir afilada, para dejar huella en el lector. Esta es quizás la principal virtud de una irregular colección de relatos que perduran en la memoria del lector. Con ambientación variable, priman los escenarios urbanos, desdibujados y hostiles a los personajes que transitan por ellos. El autor impone una visión dura de la vida donde el engaño, el asesinato, la locura y la violencia son comunes. El autor parece sentirse más cómodo sobre los márgenes de la normalidad. Si bien ya he señalado la existencia de un par de relatos que dan otra visión del mundo, lo habitual es el desasosiego y la derrota. El autor alterna lo mundano como el fracaso del payaso en «Payaso de Tárrega» con asuntos más complejos, el caso del relato «Rio abajo», un interesante acercamiento a la culpa y la responsabilidad sobre nuestros actos.

Metales rojos ha sido una lectura interesante pero algo desconcertante en algunos momentos. Ya sea por la predilección por temas muy duros (y manidos en algunos casos) o por la irregularidad del libro, no he acabado todo lo satisfecho que esperaba. No es mala obra y permanece  en el lector incluso removiendo en algunas páginas, pero en líneas generales resulta algo previsible por la reiteración de determinados motivos. Pese a ello, tengo claro que volveré a leer a Díaz Cortez por la sencilla razón de que demuestra virtudes suficientes para estar atento a futuras obras.

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