“La distancia que nos separa” de Renato Cisneros

Reseña publicada originalmente en Revista Vísperas el 09/05/2017. Al final de la reseña dispones del enlace a la web de la revista.

Editorial: Planeta

Año: 2017

Páginas: 381

En los últimos años han proliferado en la literatura hispanoamericana distintas obras sobre la memoria familiar. Estas han sido utilizadas, en parte, para explicar la historia reciente del país o para conocer la visión de determinados sucesos históricos. Si bien es cierto que esta fórmula narrativa es muy popular y no es nueva, creo que este auge en el territorio hispanohablante de América se debe a la desconfianza de los discursos oficiales. La llegada de la democracia liberal al continente, poniendo fin a dictaduras militares y guerras civiles, ha servido para crear un relato familiar paralelo al oficial. Esta nueva versión de los hechos no busca tanto enmendar la ya existente sino rellenar los huecos que la versión oficial no puede, o que no quiere contar. Es decir, la función de estas narrativas personales y familiares es la de dar voz a los silenciados y alumbrar los rincones que no alcanzan la versión hegemónica de los hechos. Esta última vertiente es la que aborda la novela La distancia que nos separa del peruano Renato Cisneros, editada por Planeta. El autor analiza y aborda la figura de su padre, el célebre militar Luis Federico Cisneros Vizquerra, apodado el Gaucho. Cisneros no solo se acerca a la vertiente pública de su padre, algo imposible de evitar, sino que cuenta cómo era la figura en lo familiar y en lo personal.

La distancia que nos separa es, en primera instancia, un relato familiar que se asoma a la parcela privada de un personaje notorio. Sin embargo, el texto no puede obviar la dimensión del personaje y da como resultado que la vertiente política del Cisneros Vizquerra, sus antecedentes familiares y su trayectoria personal estén muy presentes en el mismo. Se puede afirmar que estamos ante una biografía familiar. Gran parte del texto está narrado en primera persona, se puede identificar con el propio autor, y busca sobre todo interrogarse sobre el personaje que tuvo como padre. Cisneros quiere contestar las preguntas que se hace sobre una figura tan controvertida. Y digo controvertida, no solo por su desempeño político, sino también por la tensa relación que siempre mantuvo con su hijo. El libro es una suerte de exorcismo personal que busca expulsar (o exponer) los demonios de un joven diez años después de la muerte de su padre, ya que esta todavía sigue siendo un gran enigma. La obra avanza de forma desigual, alternándose el relato personal del narrador donde construye el texto e investiga, con partes donde se aborda de forma frontal la figura del padre. No existe equidistancia, faltaría más tratándose de su progenitor, pero tampoco se le perdona todo. El relato se mueve a dos aguas, la condena a sus muchos deslices personales y profesionales, y la necesidad de comprender e incluso empatizar con un personaje complejo, poliédrico y difícil.

Renato Cisneros utiliza el método del texto en marcha para construir la obra, y desde mi punto de vista, es un gran acierto debido a que como lectores vamos siguiendo los pasos del autor por la investigación, sorprendiéndonos a su lado y sintiendo el mismo interés por descifrar a Cisneros Vizquerra. El texto tiene altibajos y en algunas páginas se vuelve algo tópico, hay ciertos momentos de relato familiar que ya resultan, valga la redundancia, familiares. Pero ello no quita que en el texto no haya abundancia de imágenes poderosas. Hay momentos de indudable fuerza, como el padre fotografiándose con Augusto Pinochet, cenando con Videla o la imagen de la última derrota política de una Cisneros Vizquerra que a su vez estaba siendo derrotado por la vida. Es por tanto un relato complejo a nivel moral, ya que en algunos momentos el personaje resulta repugnante, pero en otros se siente hasta cierta simpatía por él. Sin embargo, admito que a mí me ganó la primera sensación, especialmente cuando me imagino a Cisneros Vizquerra de francachela con algunos de los mayores monstruos de la política americana de la segunda mitad del siglo XX o dando asilo a alguno de esos mismos amigos. Hay pecados que no se pueden perdonar.

Como ya comentaba al principio, el relato busca acercarse a lo familiar y desentrañar la relación de un padre y un hijo que no se comprendían. Cisneros describe la cotidianidad de una figura pública cuya importancia invadía a los que estaban cerca de él. Desmedido en sus reacciones, se convertirá en un volcán para su familia que padecerá su carácter estricto y caprichoso. Desde el comienzo en la dedicatoria, el autor reconoce la difícil relación con su padre. Para ello, también se retrata con dureza a sí mismo, juzgando de forma retroactiva algunos de sus comportamientos. El autor tiene una evidente fascinación por el personaje y no tiene reparos en acercarse a aspectos francamente oscuros de un padre. Uno de los mejores relatos del libro es el reencuentro de su padre con un viejo amor de juventud en Buenos Aires. Estos destellos de humanidad se agradecen puesto que, como ya he recalcado, resulta muy difícil simpatizar con el Gaucho. No creo que sea la intención principal de Cisneros, aunque desliza algunos detalles que le delatan. No puede uno dejar de pensar en el contraste existente entre un Cisneros Vizquerra, apuesto, cigarro en mano, mirando desafiante a los periodistas frente a un Alan García con los pies en la mesa del despacho presidencial dictando órdenes a voces.

La distancia que nos separa es un libro interesante por las cuestiones que aborda y porque tiene como personaje principal, y casi único, junto con el propio Renato Cisneros, a un tipo fascinante. La memoria familiar y el individuo público se funden para dar como resultado una narración sobre las relaciones de un padre y un hijo. El autor no está tan interesado en mostrar las alcobas del poder sino en contar el poder de las alcobas.

http://www.revistavisperas.com/5612-2/

 

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2 thoughts on ““La distancia que nos separa” de Renato Cisneros

  1. Creo que el libro no solo se va desarrollando en la marcha, siento que ha sido un viaje en tren, en el que cada parada me ha servido para salir de su historia y entrar en la mía. Debo confesar que me ha hecho sentir distanciamiento y aproximación hacia Cisneros Vizquerra, efectivamente no sé si fue la intención, pero me queda claro el amor que puede haber de parte de un hijo hacia un padre, que como muchos, criado en una sociedad heteronormada, no puede evitar sentir, pero muchas veces demuestra con pinzas y cuidados casi quirúrgicos. En definitiva, uno de los libros que más he sentido como míos, leerlo ha sido tener a Renato Cisneros acompañándome en el bus, en el metropolitano, en la oficina, en los tiempos muertos del break y las noches luego de decirle a papá, buenas noches. Gracias.

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    1. Gracias por tu comentario. Disculpa la demora en responderte. Coincido en que el libro trata muy bien esa doble vertiente del personaje público y el privado. En varios momentos me pasó como a ti, que sentía cierta empatia a la hora de comprender que el autor le perdonara ciertas cosas Cisneros Vizquerra porque en definitiva es su padre y su visión del personaje público está marcada por la imagen del padre. Yo también lo iba leyendo en el transporte público y sentí la compañia del libro, la voz del autor contando su historia y la historia familiar. Muchas gracias por un comentario tan interesante. Saludos.

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