“Los Nenes” de Patricio Fernández

Editorial: Anagrama

Año: 2008

Páginas: 175

Hace un tiempo charlando con una amiga chilena me comentaba que los periódicos mayoritarios de su país le resultaban muy conservadores. Decía que le era especialmente molesto porque mucha información tenía un sesgo muy marcado y muchas noticias las tenía que buscar por medios alternativos o comentar vía telefónica con amigos y familiares que estaban en el país. A raíz de ello le hablé del seminario The Clinic, fundado por Patricio Fernández (Santiago de Chile, 1969), que yo conocía por algunas crónicas periodísticas. El medio me gustaba, y me sigue gustando, por su espíritu provocador de ahí que cuando descubrí que su creador tenía una novela publicada en España, tuviese unas ganas enormes de leerla. Se trataba de Los Nenes editada por el prestigioso sello Anagrama. La novela cuenta dos historias entrelazadas de dos escritores maduros,  relatadas por la misma persona.

Los Nenes narra las historias de Gastón Miranda y Carlos Iribarren de boca de un personaje, trasunto literario del propio autor,  que los conoce de cerca. Ambos protagonistas tiene en común que son escritores ya mayores, con más de setenta años, aunque el tono y la cronología de ambos relatos son bien distintos. La narración de Iribarren cuenta fundamentalmente el reencuentro de este con un amor de otra época. Todo el periplo, las dudas y demás serán contados por el narrador que acabará participando de los hechos, aunque la historia tuvo lugar veinte años atrás. El tono de todo el relato es más bien intimista, pausado a la manera de su principal personaje y si bien está resuelto con cierta pericia, no es que resulte de un interés abrumador. Esto no sería un problema si la otra historia, la de Gastón Miranda, fuese entretenida. Yo creo que esta es hasta peor y me explico. La otra narración que articula Los Nenes, y que se alterna con el relato de Iribarren, no es más que una sucesión de encuentros de amigos donde el gran protagonista es Gastón Miranda, un escritor deslenguado, audaz y ácido en la réplica. Miranda es casi una antítesis del personaje principal del otro relato y por extensión esta es una historia mucho más desinhibida, con algún detalle de humor donde se suceden los disparates sin mayor nexo de unión narrativo que la de los encuentros de estos amigos de francachela cuyo vínculo es la pertenencia al mundillo artístico de la capital chilena. Hay algún momento sonrojante y algún detalle divertido, sobre todo en los diálogos o cuando cuentan la cena en la que un invitado se derrumba sobre la mesa. Más allá de eso, no deja de ser un catálogo de encuentros de amigos cuyo valor es francamente cuestionable.

Patricio Fernández cuenta una serie de anécdotas reales (o apócrifas, que importa) de su grupo de amigos entre los que podemos identificar al también escritor Rafael Gumucio entre otras personalidades. El problema es que por muy divertido, grotesco y disparatado que sea el encuentro, el autor no logra dar con el tono adecuado a la hora de contarlo. Hay una diferencia notable entre vivir una jugosa noche de charlas y anécdotas y saber plasmar eso en un texto. Aquí es donde peor parado sale Fernández que naufraga en su intento por contar lo divertido pero también lo hace al historiar la aventura de amor otoñal del otro relato. La escasa solidez de lo narrado y el nulo interés lastra un libro cuyo material de fondo se plantea prometedor pero el resultado final dista de serlo. Resulta curioso un detalle, conforme más avanza el libro, más claro tenía que ambos personajes principales eran la misma persona y que esta tenía que tener su equivalente en la vida real. Tras indagar y preguntar a algunos amigos chilenos, me acabaron comentando que el posible modelo de Iribarren y Miranda fuese el escritor Germán Marín. No sé hasta qué punto esto puede ser cierto pero no voy a negar que esta lectura me motivara a buscar algo de Marín, el cual es un desconocido en España. No hay mal que por bien no venga.

Los Nenes es una novela fallida. Le falta interés y sobre todo la afilada pluma de su autor Patricio Fernández, brillante en artículos y editoriales, se echa en falta. A lo largo del libro, el narrador es preguntado por sus amigos si está escribiendo una novela, lo que él niega rotundamente. A tenor del resultado final, yo también negaría haber escrito este libro.

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