“Te vendo un perro” de Juan Pablo Villalobos

Editorial: Anagrama

Año: 2015

Páginas: 248

La carrera del narrador mexicano Juan Pablo Villalobos (Guadalajara, 1973) ha sido una de las más fulgurante de los últimos años y desde sus comienzos ha gozado del éxito de crítica y público, desde su debut Fiesta en la madriguera hasta la más reciente No voy a pedirle a nadie que me crea con la que obtuvo el Premio Herralde. Justamente, ese galardón motivó que me leyera la anterior novela del mexicano antes de obtener el premio. Se trata de Te vendo un perro publicada por Anagrama, sello del autor desde sus inicios.

Te vendo un perro cuenta la historia de Teo, un taquero jubilado y pintor frustrado que vive en un cochambroso edificio en México D.F. donde tiene lugar una parte importante de la acción, ya que algunos de los problemas del protagonista vienen de su relación con sus vecinos. Excéntrico y alcohólico, sus principales preocupaciones son la bebida y mantener a salvo su ejemplar de la Teoría Estética de Adorno. Usa el libro para casi cualquier cosa y con el objetivo de dejar callado a todo aquel con el que se cruza. En ese ir y venir de copas y citas de la escuela de Frankfurt, nuestro protagonista, y narrador de la historia, se irá metiendo en distintos problemas con Francesca, la vecina con la que mantiene una relación tirante, conocerá al mormón Willem y de paso lo incluirá en un inverosímil triángulo amoroso. Todas estas cosas afectarán a la vida de la apacible comunidad de vecinos y le añadirán un poco de interés a la monótona vida del taquero retirado.

Juan Pablo Villalobos continúa su apuesta por el humor excéntrico y paródico. El autor lleva a cabo una propuesta que puede gustar más o menos pero que no engaña al lector. Desde el comienzo de la novela, el escritor tiene una clara convicción por parodiarlo todo, con especial interés por lo mexicano. Desde el mismo título, que es una leyenda que no voy a desvelar, hasta los personajes secundarios, todo parece ser una gran bufonada. En esos registros se mueve bien Villalobos, que con su prosa ágil y dinámica no aburre aunque en alguna página puede dejar al lector algo cansado de su ingenio. Solo cuando hace referencia al personaje de El hechicero, que existió en la realidad según supe después de la lectura del libro, el autor se pone serio. No voy a negar que me divertí y que hay que reconocerle el mérito por hacer reír de muchas y muy distintas maneras y cada vez tengo más claro que Villalobos se sitúa en la senda de autores como Eduardo Mendoza. Sin embargo, el exceso de clichés, lo disparatado de algunos tramos de la obra y algún que otro secundario, hicieron que el libro me agotara en más momentos de los habituales. Sin llegar a ser grotesco, si creo que el desmesurado interés por parodiar y reírse de todo hace que la historia se le vaya de las manos al autor en más de una ocasión. La obra remontaba siempre que el carismático protagonista tomaba la palabra y era el centro de la acción.

Te vendo un perro es un libro divertido que hace pasar un buen rato. Disparatada y peculiar, la obra de Juan Pablo Villalobos no provoca indiferencia. Las posibilidades de pasarlo bien son considerables, siempre y cuando se acepten las reglas del autor. Yo las acepto, y me divierto, aunque en esta ocasión no habría echado de menos un poco de mesura.

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