“Piedras encantadas” de Rodrigo Rey Rosa

Editorial: Seix Barral

Año: 2001

Páginas: 124

Pocas novelistas hay en la literatura en español más interesados en las consecuencias de los hechos fortuitos que el guatemalteco Rodrigo Rey Rosa (Ciudad de Guatemala, 1958). Con unas de las producciones más solidas de las últimas décadas, este autor ha venido explorando diferentes cuestiones como la violencia, la memoria o la reconciliación aunque siempre incluye el azar como pieza importante de sus breves pero intensas narraciones. En Piedras encantadas, publicada  originalmente por Seix Barral y reeditada por Alfaguara, un pequeño accidente de tráfico desata una cadena de acontecimientos que transforman el libro en un gran thriller sobre el poder y la sociedad guatemalteca de posguerra.

«Guatemala, Centroamérica. El país más hermoso, la gente más fea». Este es brutal comienzo de Piedras encantadas aunque el hecho que da inicio a la historia es el atropello de un niño. El conductor asustado decide huir ante el miedo a las posibles consecuencias por el incidente. No es que tema a la justicia, teme al linchamiento o que los familiares del muchacho se tomen la justicia por su mano, ya que este es el hijo adoptivo de un poderoso militar. A partir del suceso, se comienzan a disparar las conjeturas sobre si ha sido fortuito o premeditado y sobre quien lleva a cabo la investigación del asunto. Todo está sujeto a ser cuestionado y todos parecen sospechosos en la trama. Lo que se inicia como un hecho casual se acaba convirtiendo en una conspiración política de alto nivel. En ese terreno confuso, donde nada es lo que parece, es donde mejor se maneja el narrador.

Rodrigo Rey Rosa narra de forma concisa y escueta está historia de intrigas y aparentes conspiraciones. Con su habitual economía del lenguaje y sus diálogos, la historia se carga de ritmo. Cortos capítulos van pautando la trama y cada detalle cobra importancia. El autor no desaprovecha la oportunidad para hacer un fresco, con el mismo estilo parco que narra la historia, de la Guatemala de posguerra. Militares, sirvientes, policías, ciudadanos anónimos y niños callejeros va cruzándose de forma magistral, siempre guiados por la firme mano del autor que expone las miserias de una sociedad que todavía tiene presentes las heridas del conflicto. Un mundo bipolar, entre la reciente guerra y los dubitativos pasos de la democracia, donde la impunidad y las conspiraciones están a la orden del día. La desnudez de la prosa del autor acentúa aun más algunos de los momentos más duros de la narración, consiguiendo una denuncia sin levantar la voz. Rey Rosa expone su lección de anatomía y cada cual que saque sus conclusiones. El juicio se establece de forma casi silenciosa y en algunos momentos lo hace desde una perspectiva irónica como se puede apreciar en los comentarios sobre el urbanismo y los nombres de las calles. El cierre de la obra sigue la tónica de todo el libro, y en general de toda la obra del escritor guatemalteco, dejando más interrogantes que respuestas y sumiendo al lector en el desasosiego, por mucho que pueda parecer lo contrario.

Piedras encantadas es una de las obras más logradas de su autor. Una sutil novela sobre las inverosímiles consecuencias que pueden tener los hechos en determinados contextos. Con maestría y pulso, Rodrigo Rey Rosa alumbra los rincones oscuros de su país natal.

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