“Pequeños cementerios bajo la luna” de Mauricio Electorat

Editorial: Alfaguara

Año: 2018

Páginas: 294

Hace unos años por recomendación de un amigo leí una novela chilena, que había resultado ganadora del Premio Biblioteca Breve, titulada La burla del tiempo. El libro no me disgustó y me permitió conocer a Mauricio Electorat (Santiago de Chile, 1960), un autor para mí desconocido. Desde aquella lectura le había perdido la pista al novelista chileno pero hace poco me topé con su última novela, Pequeños cementerios bajo la luna, publicada en España por Alfaguara dentro de la loable iniciativa editorial “Mapa de las lenguas”.

Pequeños cementerios bajo la luna narra la vida en París de Emilio Ortiz, un joven estudiante chileno. A través de los distintos capítulos el lector va conociendo el modo de vida del joven y  la relación que mantiene con su familia y su país de origen. La novela comienza con la revelación del divorcio entre los padres del protagonista. Este hecho sirve para que el relato empiece a profundizar en la relación que mantiene Emilio con su padre y el difícil equilibrio que existe entre ambos. El padre es un fiel defensor de la labor de Pinochet y de su gobierno, lo que contrasta con la opinión de su hijo que desde la distancia ve como su progenitor ya ha vivido sus mejores días y comienza un lento declive que se acrecienta con el divorcio. Su familia, prototipo de núcleo familiar tradicional, salta por los aires en Chile mientras Emilio mantiene una vida precaria en Paris como recepcionista de noche en un hotel. Este puesto le permitirá conocer a gente muy dispar y le dará la oportunidad de tomar distancia en sus relaciones familiares.

Mauricio Electorat narra la historia con una mezcla de ironía y estudiada tensión donde la rutina laboral del protagonista se alterna con el pasado, un pasado que acaba por alcanzar al padre cuya simpatía por el régimen se acaba revelando más profunda e inquietante de lo inicialmente esperado. El exilio voluntario de Emilio es una suerte de exilio personal, donde se aleja de los arquetipos que lo rodean para reinterpretarse como una persona distinta. Alejado, física y mentalmente, el protagonista acaba por ajustar cuentas con todos pero especialmente con su progenitor. Este personaje, inicialmente plano, se va convirtiendo en una suerte de reflejo tenebroso de muchos ciudadanos y ciudadanas chilenos cuya relación con la dictadura fue mucho más elocuente de lo que les gustaría. En esa encrucijada, viviendo una vida anónima y gris, es donde el protagonista se interroga sobre la verdadera naturaleza de su padre. Este es el aspecto más favorable del libro que alterna el tono festivo de las andanzas de Emilio como recepcionista, sus amoríos esquivos y su falta de proyecto vital con la compeja realidad familiar en su país natal. Como comentaba al comienzo del párrafo, el autor se decanta por alternar estilos, lo que rebaja la tensión de la historia del padre y lo deja algo escaso de contenido.

Pequeños cementerios bajo la luna es una novela entretenida sobre la relación padre e hijo y sobre como afrontamos nuestro pasado mientras intentamos reinventarnos. Se trata de temas complejos que el autor trata con desigual suerte.  Algo falta de profundidad, Mauricio Electorat consigue mantener al lector hasta el final y eso ya es meritorio.


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