“Nuestra Piel Muerta” de Natalia García Freire

Editorial: La Navaja Suiza

Año: 2019

Páginas: 151

El vínculo lingüístico que une al continente americano con la península ibérica no siempre se traduce en una reciprocidad en el mundo de la edición. Resulta complicado ver a importantes voces de la literatura hispanoamericana en las estanterías de la librerías españolas, más si cabe cuando se trata de autores y autoras que publican su primera novela. Sin embargo, en más de una ocasión he señalado que ese hueco de escritores y escritoras recuperados o nóveles lo están llenando las nuevas editoriales independientes. Una de las que mejor lo está haciendo es La Navaja Suiza, recuperando la magistral escritura de la  Rosario Ferré, rescatando un inédito en España del colombiano Ricardo Silva Romero o publicando la novela que hoy reseño. Se trata de Nuestra piel muerta de la ecuatoriana Natalia García Freire (Cuenca, 1991). Es un libro que está dando mucho que hablar de forma más que justificada, ya que se trata de una primera novela brillante.

La historia se inicia con el monólogo de un joven, Lucas, hacia su padre muerto. El resto del libro se desarrolla de idéntica manera, es decir, el hijo le habla al padre fallecido, interpelándole por su actuación con respecto a la llegada de los visitantes. Los visitantes  son Felisberto y Eloy, dos personajes oscuros y mal encarados que llegan a la casa para ayudar al padre de Lucas en las tareas del campo. Lucas vive junto a su padre y su madre en una hacienda en la sierra andina (aunque esto nunca se dice claramente, se sobreentiende por las referencias de la narración). Su padre es el encargado de mantener la hacienda mientras que la madre, de comportamiento más libre y alejado de las convecciones sociales, se encarga del jardín. Con ellos, conviven Esther, Sarai, Noah y Mara, que son las sirvientas de la casa.

Pronto, el lector conoce que el padre está muerto, la madre en un sanatorio y el hijo ha sido vendido como esclavo por parte de Felisberto y Eloy, que se han convertido en amos y señores de la casa.  A través de diferentes capítulos, vamos conociendo las penurias de Lucas que busca volver a su casa y ser aceptados por los nuevos dueños. Estas vivencias se alternan con el pasado donde el niño va desgranando el progresivo declive de la familia. De forma brillante, la autora va hilando la ruina actual con el proceso de decadencia y degradación de la hacienda y la convivencia familiar.

Cuando es aceptado de nuevo, Lucas va tejiendo una venganza contra aquellos que ocupan lo que es suyo, su castillo, y que han matado al padre y encerrado a su madre. En ese momento, la narración se va volviendo más oscura y críptica. El lector asiste a la transformación del niño Lucas en un ángel exterminador. En consonancia con su fuerte vínculo con la naturaleza, el protagonista se acaba convirtiendo, se hace carne con aquello que acompaña en sus últimos capítulos: la tierra, la montaña, las hierbas y los insectos.

Nuestra piel muerta es un notable libro debut. Su autora, Natalia García Freire, es una joven ecuatoriana nacida en 1991. Considero que se trata de una novela muy bien escrita, que transmite un notable trabajo en su construcción y desarrollo. La escritura está muy pulida transmitiendo madurez, aunque en ocasiones el excesivo acabado remita a la escritura de taller. Esto no se trata de algo necesariamente negativo.

Al lector no le llamaran especialmente la atención el aspecto formal de la obra, ya que la mayoría de los esfuerzos como narradora los vuelca en la trama y en las variadas referencias que se dan cita en el texto. Resultan muy notables las referencias tanto a la mitología como las de carácter bíblico (entiendo esto como la mitología judeocristiana) que van salpicando el texto de forma más o menos evidente; desde los nombres de los personajes, Lucas (un evangelista) hasta las sirvientas con nombres hebreos. Así mismo, Felisberto y Eloy se asemejan más a personajes de la mitología tales como los cíclopes o los titanes, que todo lo destruyen a su paso. La autora centra gran parte del texto en múltiples referencias a la botánica y especialmente al mundo de los insectos. Éstos que acabarán teniendo una importancia clave en la obra, se erigen como cómplices del protagonista en su cruzada personal. Su peso va más allá, ya que se presentan como una metáfora del propio protagonista, minúsculo y olvidado que habita los rincones más oscuros y que no es tenido en cuenta. Es imposible no escapar a esa analogía y el peso que tiene sobre toda la obra. El recurso de los recuerdos mezclados con las vivencias presentes, el tono duro del niño (enorme agradecimiento por ahorrar al lector la vergüenza ajena de intentar imitar la forma de actuar de los niños) y la capacidad hilar la narración, reflejan madurez narrativa en la autora. Especialmente destacable me parece el esfuerzo por acabar los breves capítulos con frases contundentes. Tal y como decía con anterioridad, refleja un elevado interés por el detalle.

Como señalaba al comienzo, Nuestra piel muerta es un libro poderoso y una apuesta de riesgo por parte de la editorial. Dar voz a Natalia García Freire, una escritora primeriza y prácticamente desconocida no debe de ser una decisión fácil, aunque teniendo en cuenta la calidad de esta obra, tampoco tuvo que resultar muy difícil decantarse por ella.


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