“Cielos de Córdoba” de Federico Falco

Editorial: Las Afueras

Año: 2020 (2011)

Páginas: 100

El mercado editorial tiende a ser caprichoso y en muchas ocasiones cuesta entender que haya autores y autoras que a pesar de cosechar buenas críticas en sus países de origen, no llegan a España. Es el caso del argentino Federico Falco (General Cabrera, 1977) las dos referencia que habia en España era su celebrado volumen de cuentos Un cementerio perfecto que editó Demipage, que leí hace un tiempo, y La hora de los monos en Salto de Página. Desde esos libros, no había habido nuevas referencias hasta hace un par de meses. Casualmente al mismo tiempo que el autor quedaba finalista del prestigioso Premio Herralde de novela, que convoca la editorial Anagrama, Las Afueras anunciaba un libro de Falco. La noticia era muy buena pues, ya lo he dicho en más de una ocasión, el finalista del Herralde suele más interesante que el propio ganador. Además, Las Afueras ha logrado un sólido catálogo de autores y autoras, especialmente en cuanto a referencias de Argentina. Con esos mimbres, la publicación de Cielos de Córdoba, se antojaba muy interesante.

Cielos de Córdoba cuenta la historia de Tino, un preadolescente que pasa su tiempo entre la escuela, el hospital donde está internada su madre y su casa que alberga un museo dedicado a los ovnis que regenta su padre. Los días de Tino pasan sin muchos sobresaltos, completados con pequeñas aventuras en el hospital o encargado de preparar la comida en su casa. Es un niño solitario que a raíz de un malentendido, se hará amigo de Omar, chico popular en la clase y más adulto. Con solo once años, Tino es un chico maduro para unas cosas pero todavía algo inexperto en otras. Está obligado a comportarse como un adulto cuando tiene que preparar la comida, inolvidable la escena del padre preparando unos huevos, o acompañar a su madre en el hospital. Esa madurez impuesta se revela insuficiente en otros momentos, especialmente en la  edad donde el niño pasa a ser un adolescente.

Federico Falco recrea el inestable universo de la preadolescencia, logrando reflejar esos primeros pasos de ciego que se dan durante el despertar sexual, la cercanía entre el dolor y el placer, entre la vergüenza y la satisfacción. Tino tiene que hacer frente a un mundo hostil. Con un padre abstraído en su mundo de ovnis y extraterrestres y una madre enferma, el protagonista se refugia en su soledad, en paseos por el río o en el hospital junto a la anciana Alcira. No parece haber espacio para la ternura y el cariño, sin embargo la prosa del autor consigue transmitir algo del calor que parece faltar en la vida de Tino. El lector puede conectar con Tino que en su periplo entre el hospital, la escuela y su casa-museo acaba por descubrir lo crudo y duro que puede llegar a ser el paso de ser un niño a ser un adulto.

Cielos de Córdoba es una historia evocadora donde el dolor y el placer se unen para acompañar a Tino en sus interminables paseos. En su primera novela, Federico Falco consigue transmitir con notable destreza, las dudas y temores que asoman cuando la infancia comienza a extinguirse.


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